Ninguna entidad de crédito está
en disposición de devolver todo el dinero que tiene depositado
sus clientes si todos se lo reclaman a la vez. Esto es debido a que
los clientes depositan su dinero en el banco a corto plazo (a la
vista o a un año) mientras las entidades lo prestan a largo
plazo (a cinco años e incluso en hipotecas a 40 años).
Que un banco no sea líquido no
significa que no sea solvente, es decir, sus activos pueden ser
mayores que sus pasivos aunque los primero tengan un vencimiento a
más plazo que los segundos. La confianza de los depositantes
es clave ya que si retiraran su dinero por un pánico bancario
podrían abocar a su quiebra. Como la desconfianza se puede
contagiar de una entidad a otra, todas ellas están interesadas
en que los clientes confíen en la totalidad del sector.
Para eso surgen los Fondos de Garantía
de Depósitos, instrumentos de cobertura que garantizan a los
clientes parte de las cantidades depositadas en caso de quiebra de la
entidad de crédito. El coste de dicha cobertura exige el pago
de una prima, como si se tratara de un seguro, por parte de las
entidades de crédito en función de los depósitos.
En España existen tres fondos
diferenciados según el tipo de entidad: Bancos, Cajas y
Cooperativas de Crédito. La razón de esa diferenciación
es porque bancos y cooperativas de crédito debían
abonar una prima mayor debido a que históricamente el número
de entidades quebradas de su tipo era mucho mayor que en el caso de
las cajas de ahorro.
La propia existencia del Fondo de
Garantía es una muestra de que las entidades de crédito
pueden quebrar. Pueden y lo hacen. Por tanto el dinero depositado en
un banco puede ser perdido por el ahorrador ya que el FGD sólo
cubre 100.000€ por cliente y no cantidades superiores.
El FGD de las entidades bancarias ha
tenido que pagar las cantidades aseguradas a los clientes en siete
ocasiones, todas ellas a bancos de pequeño tamaño y
cuando la cobertura era de 20.000€ por cliente. Inauguró
esta lista negra el Banco de Navarra en 1978 y siguieron el Banco de
Pirineos (1981), Bank of Credit and Commerce (1991), Banco Europeo de
Finanzas (1991), Ibercorp (1992), Credipas (1996) y Eurobank (2003).
En otras ocasiones los Fondos de
Garantía lo que hacen es otorgar ayudas a las entidades con
problemas para facilitar ser absorbidas por entidades más
solventes como el caso actual de Caja Castilla La Mancha por
Cajastur. Se trata de evitar el elevado coste que supondría
tener que hacer frente a los depósitos garantizados.
A pesar
de esto, los costes de estas ayudas son enormes. Más de la
mitad de todas las pérdidas afrontadas por el FGD de los
bancos en su historia corresponden a las ayudas otorgadas a Banesto
en 1994 para su adquisición por Santander. Por poner otro
ejemplo, las ayudas otorgadas a Banca Catalana en 1982 para su
adquisición por Banco Vizcaya (hoy BBVA) supusieron un coste
12 veces mayor que todos los pagos a depositantes realizados por el
FGD en su historia.