Así, dice, para favorecer la propiedad a largo
plazo y el compromiso de los accionistas, "se debe permitir la previsión
de ofrecer a los antiguos accionistas un trato preferencial". Unos
beneficios, dice, que pueden consistir en un aumento de sus derechos de voto (en
la línea del post ¿Por
qué una acción un voto?)o de obtener mayores dividendos.
Este incentivo tiene por objeto favorecer la presencia de accionistas duraderos en las empresas lo que reduciría la volatilidad de las cotizaciones y los descensos excesivamente bruscos. Así sería si vemos una reciente investigación (Ownership structure and stock
returns during financial crises) que ha estudiado la reacción en las cotizaciones de las empresas con accionistas estables y aquellas con accionistas a corto plazo. Como podemos comprobar en el
siguiente gráfico aunque una vez pasado un plazo, ambos tipos de sociedades
tienen el mismo rendimiento. Aquellas sociedades con accionistas no estables
sufrieron un mayor descenso ante la crisis de Lehman Brother que aquellos que
tenían accionistas con una permanencia a largo plazo.

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