La inversión responsable ha
sufrido importantes cambios en los últimos tiempos. Entre ellos un cambio de
denominación. En los últimos tiempos se prefiere hablar de inversión con impacto.
El cambio de nomenclatura supone también un cambio conceptual importante.
Se define inversión responsable
como aquella que cumple una serie de requisitos predeterminados. Esto ha dado
lugar a una serie de índices donde se incluyen las empresas que cumplen dichos
requisitos. Se trata por tanto de un concepto defensivo, de unos requisitos
límite para recibir una determinada calificación (ver post ¿Cómo
medir la responabilidad?).
Pero actualmente se está popularizando
el término inversión con impacto, que lo que trata es de agrupar a aquellas
inversiones que supone una mejora sensible en el entorno. Se trata de lograr un
impacto positivo en la sociedad mediante la inversión empresarial. Es un
término proactivo, se debe acometer acciones para lograr una mejora detectable
en el objetivo marcado. Además esta definición permite una clasificación
ordinal de los proyectos, de los que causan mayor impacto a los que menos,
mientras en la anterior simplemente se podía ser o no responsable.
JP Morgan y la GIIN (Global
Impact Investing Network) han hecho una encuesta entre inversores en busca de
impacto sobre las características de las inversiones que buscan. Un 62% está
dispuesto a renunciar a parte de la rentabilidad económica para obtener un
mayor impacto social. Aunque también un 60% considera que no existe
necesariamente un trade off entre rentabilidad económica y un impacto social. Y
es que la mayoría (46%) quiere alcanzar un equilibrio entre la rentabilidad
económica y el impacto social. Y en lo que respecta al seguimiento del impacto
de la inversión, la mayoría prefiere hacerlo directamente (50%) frente a
utilizar los sistemas de una tercera parte (31%) o los de la propia empresa en
la que se invierte.

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