En las juntas de accionistas los propietarios de las empresas interpelan a los directivos sobre la gestión que están realizando de su dinero. Si nos creyéramos que los accionistas lo único que hacen es maximizar sus beneficios consideraríamos que preguntarán qué harán los gestores para incrementar el dividendo y la cotización del valor.
Y casi siempre es así, pero eso no signifique que sea sólo eso lo que les preocupe. Las personas no sólo tienen en cuenta el dinero cuando invierten en una empresa. A veces tienen en cuenta una pasión, una religión, una causa, una ilusión o una esperanza.
Un ejemplo lo pudimos ver en
Otro accionista cuestionó la objetividad de los medios del grupo, pero desde la dirección de empresa se defendió la actual línea editorial.
Y a la vez, ninguno preguntó por qué se habían rechazado los 7.000€ que el partido Ciudadanos había adelantado para insertar un anuncio en El País que chocaba con los postulados ideológicos del grupo de comunicación. Esa cuestión si afectaba a la rentabilidad de los accionistas, pero no provocó ningún interés al contrario que el papel del periodista Tertsch.
Tanto los accionistas mayoritarios como los minoritarios del grupo PRISA persiguen un objetivo maximizador de los beneficios, pero no se puede obviar que también persiguen la defensa y divulgación de un determinado ideario político.
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